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Mensaje de Sri Mrinalini Mata para Pascua de Resurrección de 2014

«Remóntate por encima de la conciencia del cuerpo, eleva tu espíritu desde el dominio de la materia hasta alcanzar la inmensidad del silencio que mora en el templo de tu alma, y experimenta la comunión con el Cristo resucitado». 

Paramahansa Yogananda  

La sagrada época de Pascua de Resurrección nos trae un conmovedor recordatorio de nuestros propios potenciales divinos, que de manera tan sublime fueron ejemplificados por Jesucristo en su supremo sacrificio de amor en la cruz y en su gloriosa resurrección. Al sintonizarnos con la conciencia de Jesús, que se hallaba unida a Dios, la Gracia Divina toca nuestro corazón y nuestra mente para despertarnos: para ayudar a nuestro espíritu a elevarse por encima de las cruces de la vida, a resurgir de la tumba del estrecho egoísmo, a resucitar del engaño de la separación de Dios. El ejemplo de la inagotable compasión de Cristo continúa ofreciendo a innumerables almas la seguridad de que Dios es un Padre infinitamente amoroso a quien podemos acudir sin miedo y que siempre tiene su mano extendida para elevarnos por encima de las crucifixiones de maya y las autolimitantes flaquezas de nuestra naturaleza humana, a fin de que con su divina gracia podamos resucitar nuestra divinidad innata.

Gurudeva Paramahansa Yogananda nos dijo: «Jesús demostró, en cada acto de ayuda a los enfermos y los desamparados, y en el absoluto sacrificio de su cuerpo para aliviar los pecados de muchos, el incomparable amor de Dios, infinitamente misericordioso y compasivo». El Padre Celestial ofrece a toda alma ese ilimitado amor y compasión, porque Él ve —detrás de los velos de maya que oscurecen nuestra visión— la imagen divina que mora en cada uno de nosotros, a la espera de ser descubierta. Al acercarnos a Él con el amor y la confianza de un niño, nos hacemos receptivos a su divina gracia y permitimos que su luz y su poder impregnen nuestro ser y disuelvan los patrones de malos pensamientos y acciones que nos han mantenido aprisionados. «El amor por Dios —la entrega a Dios— destruye el karma de la ignorancia», nos aseguró Gurudeva. «El amor puro —el amor divino— elimina las barreras que se interponen entre el hombre y su Creador». La clave para la resurrección de nuestra propia alma, y para la resurrección de la humanidad de los interminables ciclos de errores y penalidades compensatorias que atribulan su historia, reside en amar a Dios y sintonizar nuestra vida con su divina voluntad, como lo hizo Jesús.

Abrir nuestro corazón al bálsamo sanador del perdón y la compasión de Dios libera nuestra conciencia del peso de los errores del pasado y vigoriza nuestros esfuerzos para convertirnos en lo que Dios quiso que fuéramos al crearnos: un alma libre para expresar su inmortal naturaleza divina. Con cada paso que damos para dejar de lado los resentimientos y extender a los demás nuestra comprensión y compasión, actuamos como instrumentos del amor divino y progresamos en el camino hacia la victoria del alma que Cristo y los Grandes Maestros han recorrido. Sólo mediante la profunda comunión interior con la Divinidad comprenderemos plenamente qué es lo que sostuvo a Jesús en su gran prueba y le permitió sentir amor incondicional por todos, incluso por sus más acérrimos enemigos. Cuando el amor de Dios inunda el corazón en el templo del silencio, los límites del «pequeño yo» se funden en la superior inmensidad de nuestro verdadero ser y, entonces, la enemistad desaparece; sólo existe el deseo de ayudar a los demás y el gozo de servirles. Ésa era la conciencia en la que vivía Jesús, y la conciencia que Dios quiere despertar en todos nosotros.


Deseo para ti y tus seres queridos una muy bendita y gozosa Pascua de Resurrección.


Sri Mrinalini Mata

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