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Cómo meditar: Instrucciones para principiantes

Preparar un lugar para la meditación

Elija un sitio silencioso, tranquilo y retirado para poder meditar sin ser interrumpido. Será su santuario: un lugar dedicado exclusivamente a la práctica de la meditación.

Siéntese en una silla de respaldo recto; o bien, si lo prefiere, sobre una superficie firme, con las piernas cruzadas. En uno u otro caso, coloque encima una manta o un paño de seda (cuyo objetivo es aislar el cuerpo de la atracción magnética producida por las sutiles corrientes de la tierra).

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Pasaje de los escritos de Paramahansa Yogananda:

«El salón despierta la idea de reunirse con otras personas; la biblioteca inspira el deseo de leer; y el dormitorio invita al sueño. Con el mismo criterio, todos deberían disponer de una habitación o un rincón separado por un biombo o una cortina, o un vestidor bien ventilado, a fin de utilizarlo exclusivamente para la meditación silenciosa. Los hogares tradicionales de la India cuentan siempre con un altar de este tipo para el culto cotidiano.

»Tener un altar en el hogar es muy efectivo para fomentar la espiritualidad, ya que, a diferencia de los lugares públicos de adoración, se convierte en un espacio personalizado y, además, se encuentra accesible para acoger las expresiones devocionales espontáneas que puedan surgir a lo largo del día. En la India, a los niños no se les obliga a frecuentar el altar, sino que se les inspira a hacerlo mediante el ejemplo de sus padres.

»En estos templos hogareños, las familias aprenden a hallar la paz del alma oculta tras el velo del silencio. Allí practican la introspección y se recargan con el poder interior del alma a través de las plegarias y la meditación; en comunión divina, se sintonizan con la sabiduría discernidora por medio de la cual podrán gobernar sus vidas de acuerdo con los dictados de la conciencia y del juicio correcto.  

»Las oraciones íntimas y profundas hacen aflorar en ellos el entendimiento de que la paz y el servicio a los ideales divinos son la meta de la vida y que sin ellos ninguna adquisición material puede asegurar la felicidad».

Paramahansa Yogananda,
La Segunda Venida de Cristo
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