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Seguridad interior en un mundo inestable

Pasajes de los escritos de Paramahansa Yogananda

 

 

¿Por qué hay tantas guerras y desastres naturales?  

Los súbitos cataclismos que ocurren en la naturaleza, causando estragos y daños masivos, no constituyen «actos de Dios». Tales desastres son el producto de los pensamientos y acciones del ser humano. En efecto, dondequiera que, como resultado de los pensamientos y acciones errados del hombre, el equilibrio vibratorio entre el bien y el mal de esta tierra se vea perturbado por la acumulación de vibraciones nocivas, se producirá una devastación. […]  

Las guerras no son desatadas por un determinismo de origen divino, sino por el ampliamente difundido egoísmo materialista de la humanidad. Desterremos el egoísmo del mundo —el egoísmo individual, industrial, político y nacional— y jamás volverá a haber guerras.

Las condiciones caóticas que existen actualmente en todo el mundo son el producto de un sistema de vida carente de ideales elevados. Tanto los individuos como las naciones podrán protegerse de la destrucción total si viven conforme a los principios espirituales de la fraternidad, la cooperación industrial y el intercambio internacional de experiencias y de bienes materiales.

Confío en que vendrá un tiempo en el que, inmersos en un mayor entendimiento, ya no tengamos fronteras. Llamaremos a la Tierra nuestro país, y distribuiremos sin egoísmo los bienes del mundo —mediante un procedimiento justo y con la ayuda de una asamblea internacional—, de acuerdo con las necesidades de la gente. Pero la igualdad no puede establecerse por la fuerza, sino que debe provenir del corazón. […] Tenemos que comenzar ahora, con nosotros mismos. Debemos tratar de parecernos a los seres divinos que han venido a la Tierra una y otra vez para mostrarnos el camino. Mediante el amor mutuo y la claridad de entendimiento que ellos enseñaron y ejemplificaron, podrá llegar la paz.

Lo único que ayudará a eliminar el sufrimiento mundial —más que el dinero, las casas o cualquier otro bien material— es meditar y transmitir a los demás la divina conciencia de Dios que sentimos. Ni mil dictadores podrían jamás destruir lo que yo albergo en mi interior. Cada día, irradia la conciencia divina hacia los demás. Trata de entender el plan que Dios tiene para la humanidad —atraer a todas las almas hacia Él— y trabaja en armonía con su voluntad

Dios es amor; su plan para la creación, por lo tanto, no puede basarse sino en el amor. ¿No ofrece acaso solaz al corazón humano este simple razonamiento, más que cualquier especulación de los eruditos? Cada santo que ha penetrado en el núcleo mismo de la Realidad ha confirmado que el universo está guiado por un plan divino, pleno de gozo y de belleza


Librarse del miedo y de la inseguridad mediante la fe en Dios  

Dios es el único puerto seguro en el que podemos guarecernos de las tormentas de este mundo. «Con toda el ansia de tu corazón refúgiate en Él. Por su gracia lograrás la paz suprema y el Refugio Eterno». En Él he hallado el gozo de mi vida, la indescriptible bienaventuranza de mi existencia, la maravillosa percepción de su omnipresencia en el propio interior de mi ser. Deseo que todos tengan esta misma experiencia

El Yoga enseña que donde está Dios no hay miedo, no hay pesar. El yogui que ha alcanzado su meta puede permanecer imperturbable aun en medio del estrépito de mundos en colisión; él se halla seguro al comprender esta verdad: «Señor, donde yo esté, allí debes Tú venir».

El valor es una expresión de nuestra fe en Dios: fe en su protección, en su justicia, en su sabiduría, en su misericordia, en su amor, en su omnipresencia. […]  

El miedo priva al ser humano de la intrepidez de su alma. El temor altera la actividad armoniosa de la naturaleza que emana de la fuente del poder divino interior, y ocasiona perturbaciones físicas, mentales y espirituales. […] En vez de abandonarse a la ansiedad, tiene que afirmar: «Estoy siempre a salvo en la fortaleza de tu amorosa protección».

Ya sea que te encuentres en la jungla africana, en la guerra, o atacado por las enfermedades y la pobreza, simplemente dile al Señor, y cree en lo que afirmas: «Estoy atravesando el campo de batalla de esta vida en el interior del carro blindado de tu presencia. Estoy protegido». No existe ninguna otra forma de seguridad. Haz uso del sentido común, y confía plenamente en Dios. Lo que te sugiero no es algo excéntrico; sólo te urjo a afirmar y creer, no importa lo que suceda, la siguiente verdad: «Señor, sólo Tú puedes ayudarme».

Recurre a Dios para solucionar todos los problemas. No permitas que tu valor e ingenio se paralicen ante las abrumadoras dificultades que se precipiten súbitamente sobre ti como una avalancha. Mantén activos el sentido común, la intuición y la fe en Dios, a la vez que procuras encontrar incluso una remota salida, y la hallarás. Todo saldrá bien al final, puesto que Dios ha ocultado su bondad tras la superficialidad de las paradojas de las experiencias mortales


En tiempos adversos, aférrate a la amorosa guía de Dios  

Haz de Dios el Pastor de tu alma. Haz de Él tu Faro cuando atravieses los tenebrosos pasajes de la vida. Él es tu Luna en la noche de la ignorancia. Él es tu Sol durante las horas de vigilia. Y Él es tu Estrella Polar en los oscuros mares de tu existencia mortal. Busca su guía. El mundo continuará como siempre, con sus altibajos. ¿Dónde buscaremos una guía, un sentido de orientación? No en los prejuicios que albergamos, debido a los hábitos y a la influencia ambiental de nuestra familia, nuestro país o el mundo, sino en la voz de la Verdad que resuena en nuestro interior y nos orienta.

Pienso sólo en Dios a cada momento. He colocado mi corazón en el refugio del Señor. He puesto mi espíritu a su cargo. Ofrendo mi amor y mi devoción ante sus pies de Eternidad. No confíes en otra cosa antes que en Dios. Y, luego, mediante la orientación interior de Dios, confía en quienes manifiesten su luz. Esa Luz es mi guía. Esa Luz es mi amor. Esa Luz es mi sabiduría. Y Él me dice que su virtud está triunfando, y que siempre estará triunfante.

Yo solía preocuparme por esta guerra [La Segunda Guerra Mundial]. Pero recibí un gran consuelo cuando oré de esta forma: «Señor, no soy quien debe juzgar. Tú eres el juez de la humanidad y las naciones. Tú conoces el karma de todos. Y lo que Tú ordenes, será mi deseo». Este pensamiento alejó mi preocupación incluso por la India, porque sé que Dios la protegerá. Debemos aprender a confiar más en el juicio del Señor, que sale a la luz después de que finaliza cada acto en la obra teatral de este mundo. Durante la guerra, tal vez no comprendamos el juicio divino, pero, a su debido tiempo, veremos que su mano estaba en este conflicto. El resultado inmediato y lo que sucederá luego se manifestarán de acuerdo con su juicio, de conformidad con el karma de cada nación y de cada individuo que forma parte de esas naciones. Del fuego de esta guerra, surgirá un mundo mejor. Recuerda lo siguiente: la fuerza bruta jamás logrará la victoria final. Comprobarás que, en esta guerra, la virtud de Dios emergerá triunfante.


Cómo enfocar la actual situación mundial de una manera espiritual  

La crisis del mundo actual se debe a la cuesta ascendente del Dwapara Yuga; a fin de que el mundo mejore, es preciso purgar el mal. Las fuerzas maléficas provocarán su propia destrucción, asegurando así la supervivencia de las naciones de recto proceder. El conflicto entre el bien y el mal ha tenido lugar desde los albores de la historia. Pero conforme el mundo avanza hacia etapas superiores a través del Dwapara Yuga —la edad eléctrica o atómica—, existe un mayor potencial no sólo para que se manifieste el bien, sino igualmente para la destrucción derivada del mal uso de la tecnología por parte de quienes persiguen con avidez el poder. En consonancia con la influencia del Dwapara Yuga, la tecnología está elevando rápidamente el nivel de comodidades de las que disfruta la población en general. Pero este progreso también genera una brecha más grande entre quienes poseen y quienes carecen, lo cual fomenta la envidia y los conflictos sociales, económicos y políticos.

Creo en la hermandad del hombre generada por el amor mutuo, la comprensión y la cooperación. Todos los ideales y metas nobles deberían introducirse en el mundo mediante el ejemplo espiritual y métodos buenos, pero no por la fuerza bruta y la guerra. El poder político vacío de principios espirituales es peligroso. Al decir «principios espirituales» no me refiero a las doctrinas particulares de las religiones —que también pueden ocasionar divisiones—, sino al dharma o a los principios universales de la rectitud aplicables al bienestar de toda la humanidad. A fin de evitar la propagación del mal, a veces es necesaria alguna guerra justa. No puedes predicar la no violencia y la cooperación a un tigre salvaje, porque éste te destruirá incluso antes de que pudieras explicarle tu filosofía. Algunos seres humanos que perpetran el mal son igualmente insensibles a la razón. Los promotores de guerras ofensivas, como Hitler, perderán. Quienes se vean obligados a librar una guerra justa contra el mal emergerán vencedores. Corresponde a Dios enjuiciar si una guerra es justa o no.

Yo predigo: el mundo no se dirige hacia su destrucción. Por lo tanto, no tengas miedo. Cree en tu Padre. Él te protegerá si observas sus ideales y mantienes la fe en Él. Nos encontramos en una fase ascendente. Los mil doscientos años del ciclo material han pasado, y ya hemos dejado atrás trescientos de los dos mil cuatrocientos años de la era atómica. Después de ésta, vendrán la era mental y la espiritual. No estamos descendiendo. Suceda lo que suceda, el Espíritu prevalecerá. Esto es lo que predigo […]. Cualquiera que emplee la bomba, motivado por la agresión, morirá por los efectos de la bomba; pero sé que los corazones de Estados Unidos y la India no quieren la violencia. De la misma forma en que Hitler cayó, pese a todo su poder, cualquier dictador, dondequiera que se encuentre, será derribado. Eso es lo que predigo.

Mis hermanos y hermanas del mundo: les ruego que tengan presente que Dios es nuestro Padre y que Él es Uno. Todos nosotros somos sus hijos y, como tales, debemos adoptar medios constructivos para ayudarnos, los unos a los otros, a convertirnos en ciudadanos ideales —en los aspectos físico, mental, financiero y espiritual— de los Estados Unidos del Mundo. […]  

Cuando cada alma se eleve por encima de las divisiones mezquinas hasta morar en la verdadera comprensión espiritual, la pesadumbre del mundo se consumirá en el fuego de percibir la universalidad de Dios y la fraternidad humana.

Los medios de comunicación y transporte —por ejemplo, la radio, la televisión y los viajes aéreos— nos han unido a todos como nunca antes se había conocido. Debemos aprender que ya no es factible que Asia sea para los asiáticos, Europa para los europeos, Estados Unidos para los estadounidenses, y así sucesivamente, sino que es preciso crear los Estados Unidos del Mundo al amparo de Dios, en los cuales cada ser humano pueda erigirse en un ciudadano ideal del globo, que disponga de todas las oportunidades para el pleno desarrollo del cuerpo, la mente y el alma.


Busca el eterno amor de Dios detrás de las efímeras sombras del mundo  

Ningún hombre ni profeta alguno será capaz jamás de erradicar todas las desigualdades y divisiones que existen en la Tierra. Pero cuando te encuentres en la conciencia de Dios, tales diferencias se desvanecerán y tú afirmarás:

Dulce es vivir; morir, un sueño, al fluir tu canción en mí. Dulce es gozar; sufrir, un sueño, al fluir tu canción en mí. Dulce es la salud; la enfermedad, un sueño, al fluir tu canción en mí. Dulce es el elogio; el reproche, un sueño, al fluir tu canción en mí.

Ésta es la filosofía más elevada. Nada temas. Incluso si en la tormenta te ves azotado por las olas, aun así permaneces en el regazo del océano. Aférrate siempre al pensamiento de Dios y a su omnipresencia. Mantén la serenidad mental y afirma: «Soy valeroso; estoy hecho de la sustancia de Dios. Soy una chispa del Fuego del Espíritu. Soy un átomo de la Llama Cósmica. Soy una célula del vasto cuerpo universal del Padre. “El Padre y yo somos Uno”».

Simplemente póstrate a los pies de Dios. No hay momento como el presente para entregarte a Él. […] Utiliza toda la fuerza de tu alma para encontrar a Dios. […] La cortina de humo del engaño se ha interpuesto entre Dios y nosotros, y Él lamenta que le hayamos perdido de vista. Le duele ver cuánto sufren sus hijos, al morir víctimas de las bombas, de terribles enfermedades y de malos hábitos de vida. Dios lo deplora, porque nos ama y desea que regresemos a Él. ¡Si tan sólo hicieras cada noche el esfuerzo de meditar y permanecer en su compañía! Él se preocupa mucho por ti y no te abandona. Eres tú quien ha abandonado tu verdadero Ser. […] A Dios jamás le eres indiferente.

El único propósito de la creación es obligarte a resolver su misterio y a percibir a Dios, quien se encuentra en el fondo de todo. Él desea que olvides todo lo demás y que sólo le busques a Él. Una vez que hayas encontrado refugio en el Señor, no existirá conciencia de la vida y de la muerte como realidades. Entonces, verás todas las dualidades como los sueños que suceden mientras duermes, que van y vienen en la eterna existencia de Dios. No olvides este sermón, un sermón que Él te ofrece a través de mi voz. ¡No lo olvides! Él dice:

«Yo estoy tan indefenso como tú, porque Yo, en la forma de tu alma, estoy atado al cuerpo contigo. A menos que redimas tu Ser, permaneceré aprisionado contigo. No te demores más, arrastrándote en el fango del sufrimiento y la ignorancia. ¡Ven! ¡Báñate en mi luz!».

El Señor desea que escapemos de este mundo engañoso. Él llora por nosotros, porque sabe cuán arduo nos resulta alcanzar la salvación. Pero tú sólo tienes que recordar que eres su hijo. No te compadezcas de ti mismo. Dios te ama tanto como a Jesús y a Krishna. Debes buscar su amor, porque éste abarca la libertad eterna, el gozo sin fin y la inmortalidad.

No tengas miedo del aterrador sueño de este mundo. ¡Despierta en la luz inmortal de Dios! Hubo un tiempo en que la vida era para mí como una película de terror ante la que me veía impotente, y le daba demasiada importancia a las tragedias que allí se desarrollaban. Luego, un día, mientras estaba meditando, una gran luz apareció en mi habitación y la voz de Dios me dijo: «¿Qué sueñas? Contempla mi luz eterna, en la que las múltiples pesadillas del mundo vienen y van. No son reales». ¡Qué inmenso consuelo sentí! Las pesadillas, por atemorizantes que sean, son sólo pesadillas. Las películas, ya sean divertidas o perturbadoras, son sólo películas. No deberíamos mantener nuestra mente tan absorta en los tristes y atemorizantes dramas de esta vida. ¿No es más sabio fijar nuestra atención en ese Poder que es indestructible e inmutable? ¡Por qué preocuparse por las desagradables sorpresas que encierra el argumento de esta película terrenal! Estamos aquí sólo por poco tiempo. Aprende la lección de esta obra teatral que es la vida y encuentra tu libertad.

Más allá de las sombras mismas de esta vida, se encuentra la maravillosa luz de Dios. El universo entero es un vasto templo de su presencia. Cuando medites, encontrarás por doquier puertas que se abren conduciéndote hacia Él. Cuando comulgues con Dios, ni todas las calamidades del mundo podrán arrebatarte el Gozo y la Paz que se experimentan al estar en comunión con Él. Afirmación: «Pueda yo aferrarme siempre a Ti, en la vida y en la muerte, en la enfermedad, en el hambre, en las epidemias o en la pobreza. Ayúdame a comprender que soy Espíritu inmortal, invulnerable a las catástrofes mundiales y a los cambios que acompañan a la niñez, la juventud o la vejez».


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