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Cómo vencer el temor, la ansiedad y la preocupación

Pasajes de los escritos de Paramahansa Yogananda

En el campo de batalla de la vida, relaciónate con la gente y afronta cada circunstancia con el valor de un héroe y la sonrisa de un conquistador.

Eres hijo de Dios, ¿cómo puedes abrigar temor alguno?  

El temor al fracaso o a la enfermedad se cultiva al abrigar continuamente estos pensamientos en la conciencia, hasta que echan raíces en la subconciencia y, por último, en la supraconciencia. De esta forma, el miedo arraigado en la subconciencia y en la supraconciencia empieza a germinar e invade la mente consciente con plantas de temor, las cuales ya no son tan fáciles de destruir como lo hubieran sido los pensamientos originales y, finalmente, producen frutos venenosos que pueden conducir a la muerte. […]

Destruye esas raíces en tu interior mediante la concentración vigorosa en el valor, y cambia de rumbo tu conciencia hacia la absoluta paz divina que mora dentro de ti.

Cualquiera que sea tu temor, apártalo de tu mente y déjalo en manos de Dios. Ten fe en Él. Gran parte del sufrimiento se debe sólo a la preocupación. ¿Por qué sufrir antes de que la enfermedad se presente? Puesto que la mayoría de nuestras dolencias provienen del miedo, si desechas todo temor, estarás libre al instante; la curación será inmediata. Todas las noches, antes de dormirte, repite esta afirmación: «El Padre Celestial está conmigo; estoy protegido». Imagínate circundado por el Espíritu. […] Sentirás la maravillosa protección divina.

Cuando se mantiene la conciencia enfocada en Dios, no se puede abrigar temor alguno; se dispone entonces de la capacidad para vencer todos los obstáculos mediante el valor y la fe.

El miedo proviene del corazón. Si alguna vez te agobia el temor a una enfermedad o a un accidente, inhala y exhala profunda, lenta y rítmicamente varias veces, relajándote con cada exhalación. Esta práctica ayuda a normalizar la circulación. Si tu corazón está realmente tranquilo, no podrás sentir miedo alguno.


Técnica para relajar el cuerpo

Tensa con voluntad: con una orden de la voluntad, dirige la energía vital (mediante el proceso de tensión) de modo que inunde tu cuerpo o alguna de sus partes. Siente que la energía vibra allí, vigorizante y revitalizadora. Relaja y siente: relaja la tensión y siente el sedante hormigueo que produce la renovada vitalidad en la parte recargada. Siente que no eres el cuerpo, sino la vida que sustenta el cuerpo. Siente la paz, la libertad y la creciente expansión de la conciencia que se derivan de la calma producida por la práctica de esta técnica.

Mucha gente viene a contarme sus preocupaciones. Yo los exhorto a que se sienten tranquilamente, mediten y oren; y a que, después de sentir la quietud en su interior, piensen en las diferentes formas mediante las cuales pueden resolver o eliminar esos problemas. Cuando la mente halla su calma en Dios, cuando la fe en Él es fuerte, esas personas encuentran una solución a sus dificultades. Hacer caso omiso de los problemas no los resolverá, pero tampoco lo hará la preocupación. Medita hasta lograr un estado de serenidad; luego, enfoca tu mente en la causa de tus contratiempos y reza intensamente buscando la ayuda de Dios. Concéntrate en el problema y encontrarás una solución, sin necesidad de pasar por la terrible angustia de estar preocupado. […]

Recuerda: mucho mejor que un millón de razonamientos es sentarse a meditar en Dios hasta que percibas la calma en tu interior. Luego, dile al Señor: «No puedo resolver mi problema yo solo, ni aun disponiendo de miríadas de pensamientos diferentes; pero puedo hacerlo si lo coloco en tus manos y pido, en primer lugar, tu guía y, luego, analizo las diversas alternativas para encontrar una posible solución». Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Cuando tienes la mente en calma y rebosante de fe, después de orar a Dios en meditación, te resulta posible ver diversas respuestas a tus problemas; y gracias a que tu mente está tranquila, eres capaz de elegir la mejor de las soluciones. Pon en práctica esa solución y encontrarás el éxito. En esto consiste aplicar la ciencia de la religión a tu vida diaria.

No importa cuán ocupados estemos, no debemos olvidarnos de liberar por completo nuestras mentes, de vez en cuando, de las preocupaciones y de los deberes. [...] Trata de permanecer por un minuto sin albergar pensamientos negativos, concentrando tu mente en la paz interior, sobre todo si te encuentras preocupado. Luego procura permanecer durante varios minutos con la mente en calma; a continuación, piensa en algún acontecimiento feliz, concéntrate en él y visualízalo; revive mentalmente alguna experiencia agradable, una y otra vez, hasta que olvides por completo tus preocupaciones.

La comprensión de que la capacidad de pensar, hablar, sentir y actuar proviene de Dios, y de que Él está siempre con nosotros, inspirándonos y guiándonos, nos libera instantáneamente del nerviosismo. Al comprender esta verdad, surgen destellos de gozo divino; a veces, una profunda iluminación satura todo nuestro ser, desvaneciendo el concepto mismo de miedo. Cual un océano, el poder de Dios irrumpe, inundando el corazón con un torrente purificador, eliminando todas las obstrucciones de la duda engañosa, del nerviosismo y del miedo. Al contacto con la dulce serenidad del Espíritu, que se alcanza por medio de la meditación diaria, se supera el engaño de la materia, la conciencia de ser sólo un cuerpo mortal. Entonces, se comprende que el cuerpo es tan sólo una pequeña burbuja de energía en el mar cósmico divino.

Realiza un esfuerzo supremo por llegar a Dios. Lo que te expongo es una verdad práctica, es sentido común; te estoy ofreciendo una filosofía que alejará tu conciencia del dolor. No temas nada. […] Medita profunda y fielmente, y un día despertarás en éxtasis con Dios y verás cuán absurdo es que la gente crea que está sufriendo. Tú, yo y ellos —todos— somos Espíritu puro.


Afirmaciones


Desechando de mí todo fardo mental, me relajo y permito que Dios exprese a través de mí su perfecto amor, su perfecta sabiduría, su perfecta serenidad.

¡Oh Protector Omnipresente!, cuando las nubes de la guerra descarguen lluvias de gas y fuego, sé Tú mi refugio antiaéreo.

Pueda yo aferrarme siempre a Ti, en la vida y en la muerte, en la enfermedad, en las epidemias o en la pobreza. Ayúdame a comprender que soy Espíritu inmortal, invulnerable a las catástrofes mundiales y a los cambios que acompañan a la niñez, la juventud o la vejez.


Para ahondar más en este tema: 

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